Cuando una persona fallece, además del impacto emocional, se abre un proceso lleno de gestiones que no siempre son sencillas. Entre testamentos, bienes y trámites legales, los seguros suelen generar muchas dudas. Qué ocurre con una póliza en vigor, quién puede cobrar una indemnización o si es necesario modificar un contrato son preguntas habituales en estos momentos. En el caso de un seguro para particulares, entender cómo se relaciona con una herencia ayuda a evitar conflictos, retrasos y decisiones tomadas con prisas.
Hablar de seguros en un contexto de herencia no es solo una cuestión técnica. También tiene que ver con derechos, responsabilidades y, en muchos casos, con expectativas que no siempre coinciden con la realidad legal.
La diferencia entre herederos y beneficiarios
Uno de los primeros conceptos que conviene aclarar es la diferencia entre heredero y beneficiario, ya que no siempre son la misma persona.
El heredero es quien recibe el conjunto de bienes, derechos y obligaciones de la persona fallecida según el testamento o la ley. El beneficiario de un seguro es quien figura expresamente designado en la póliza para recibir la prestación, normalmente una indemnización económica.
En muchos seguros, especialmente los de vida, la indemnización no forma parte de la herencia si existe un beneficiario designado. Esto significa que el capital asegurado se entrega directamente a esa persona, sin pasar por el reparto hereditario.
Qué ocurre con los seguros de vida
Los seguros de vida son los que más dudas generan cuando hay una herencia de por medio. Su funcionamiento depende en gran medida de si existe o no un beneficiario claramente identificado.
Si la póliza tiene beneficiarios designados, la aseguradora pagará la indemnización directamente a esas personas una vez se acredite el fallecimiento y se presente la documentación requerida. Este importe no se integra en la masa hereditaria, aunque sí puede tener implicaciones fiscales.
En cambio, si no hay beneficiarios designados o si se ha indicado expresamente que los beneficiarios son los herederos legales, el capital sí pasa a formar parte de la herencia y se reparte según corresponda.
Seguros que sí forman parte de la herencia
No todos los seguros funcionan igual. Existen pólizas que, tras el fallecimiento, pasan a integrarse en la herencia y deben ser gestionadas por quienes heredan.
Es el caso, por ejemplo, de los seguros vinculados a bienes heredados, como una vivienda o un vehículo. Estas pólizas no generan una indemnización directa por el fallecimiento, pero sí afectan al uso, mantenimiento y protección del bien.
En estos casos, las personas herederas deben decidir si mantienen el seguro, lo modifican o lo cancelan, siempre teniendo en cuenta que el bien asegurado sigue existiendo y puede generar riesgos.
Qué sucede con los seguros de hogar
Cuando se hereda una vivienda, el seguro de hogar asociado suele seguir vigente tras el fallecimiento de la persona tomadora. Sin embargo, esto no significa que pueda dejarse tal cual sin más.
Es importante comunicar el fallecimiento a la aseguradora para actualizar los datos del contrato. A partir de ahí, se puede emitir un cambio de titularidad o un ajuste de la póliza para reflejar la nueva situación del inmueble, por ejemplo si queda vacío, si se alquila o si pasa a ser la residencia de otra persona.
No actualizar el seguro puede dar lugar a problemas en caso de siniestro, ya que la aseguradora podría cuestionar la validez de la cobertura si los datos no se corresponden con la realidad.
Seguros de decesos y su papel en la herencia
El seguro de decesos tiene una función muy concreta y, en general, no forma parte de la herencia en sentido estricto. Su objetivo principal es cubrir los gastos y gestiones del fallecimiento.
La aseguradora se encarga de prestar el servicio funerario y, en algunos casos, de realizar trámites administrativos. Si existe un exceso de capital o servicios no utilizados, puede generarse un reembolso a favor de quienes correspondan, que normalmente serán las personas herederas.
Una vez cumplida su función, este seguro se extingue, por lo que no hay continuidad ni transmisión del contrato.
Qué pasa con los seguros de salud
Los seguros de salud son contratos personales y, por tanto, se extinguen con el fallecimiento de la persona asegurada. No se heredan ni se transmiten.
Si en la póliza había más personas aseguradas, como ocurre en seguros familiares, será necesario revisar las condiciones para determinar si el contrato continúa para el resto o si se debe formalizar uno nuevo.
En cualquier caso, es fundamental notificar el fallecimiento lo antes posible para evitar cargos indebidos o problemas administrativos.
El papel del tomador del seguro
En algunos casos, la persona fallecida no era la asegurada, sino quien pagaba el seguro. Esto ocurre, por ejemplo, cuando se contrata un seguro para otra persona o para un bien del que no se es propietario directo.
Aquí conviene distinguir entre tomador, asegurado y beneficiario. Si fallece quien figura como tomador, el contrato puede seguir vigente, pero será necesario cambiar la titularidad para que otra persona asuma los derechos y obligaciones del seguro.
Este cambio suele formalizarse mediante un trámite sencillo, pero no debe dejarse pasar, ya que el impago de primas o la falta de actualización puede afectar a la cobertura.
Implicaciones fiscales de los seguros en una herencia
Aunque los seguros no siempre formen parte de la herencia, sí pueden tener consecuencias fiscales. Las indemnizaciones de seguros de vida, por ejemplo, suelen tributar en el Impuesto sobre Sucesiones, aunque con particularidades según la normativa aplicable.
El tratamiento fiscal depende de varios factores, como la relación entre la persona fallecida y la beneficiaria, el importe percibido y la comunidad autónoma correspondiente.
Por este motivo, es recomendable informarse bien o contar con asesoramiento antes de aceptar una indemnización o realizar el reparto de bienes.
Errores comunes que conviene evitar
Uno de los errores más frecuentes es asumir que todos los seguros se heredan automáticamente. Cada póliza tiene sus propias reglas y es importante revisarlas con calma.
Otro error habitual es no comunicar el fallecimiento a la aseguradora, lo que puede generar cobros indebidos o problemas en el futuro. También es común olvidar la existencia de seguros, especialmente si no se dispone de un listado actualizado.
Dedicar tiempo a revisar la documentación y preguntar ante cualquier duda puede ahorrar muchos quebraderos de cabeza.
Conclusión
Los seguros y las herencias se cruzan más a menudo de lo que parece, y no siempre de forma sencilla. Entender qué ocurre con cada tipo de póliza, quién tiene derecho a qué y qué trámites son necesarios ayuda a afrontar este proceso con más claridad.
En un momento delicado, contar con información clara y actuar con orden permite que los seguros cumplan su función y no se conviertan en una fuente adicional de problemas. Al final, se trata de respetar la voluntad de quien ya no está y de proteger a quienes continúan.