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Despidos en España: errores legales que pueden convertir un despido en improcedente

26 de mayo de 2026
Despidos en España: errores legales que pueden convertir un despido en improcedente

¿Puede una empresa perder un juicio laboral simplemente por un pequeño error en un despido?

La respuesta es sí, y ocurre mucho más de lo que parece. En España, un despido no solo debe tener una causa válida, también debe cumplir con una serie de requisitos formales y legales que, si se pasan por alto, pueden acabar convirtiendo una decisión empresarial en un problema económico y reputacional importante. Por eso, muchas compañías recurren a una asesoría jurídica para empresas en Madrid cuando necesitan actuar con seguridad ante situaciones delicadas relacionadas con el personal.

En el ámbito laboral, los detalles importan. Un documento mal redactado, una fecha incorrecta o una falta de pruebas pueden ser suficientes para que un despido termine siendo declarado improcedente. Y cuando eso sucede, la empresa puede verse obligada a readmitir a la persona trabajadora o pagar una indemnización considerable.

Qué significa que un despido sea improcedente  

Cuando un juzgado declara un despido improcedente, básicamente está diciendo que la empresa no ha logrado justificar correctamente la decisión o que no ha seguido el procedimiento legal adecuado.

Esto no siempre quiere decir que la persona despedida no haya cometido errores o que no existieran motivos reales. Muchas veces, el problema está en cómo se gestionó el proceso.

La improcedencia puede producirse tanto en despidos disciplinarios como en despidos objetivos. En ambos casos, la ley exige unas formas concretas y unas pruebas mínimas que deben respetarse.

No entregar una carta de despido clara y detallada  

Uno de los errores más frecuentes es redactar cartas de despido demasiado genéricas. Frases como “pérdida de confianza” o “bajo rendimiento” no suelen ser suficientes si no van acompañadas de hechos concretos.

La carta debe explicar con claridad qué ocurrió, cuándo ocurrió y por qué esos hechos justifican el despido. Cuanto más ambiguo sea el texto, más posibilidades existen de que el despido sea impugnado con éxito.

Además, la información incluida en esa carta es fundamental porque limita la defensa posterior de la empresa. En un juicio no pueden inventarse nuevos motivos que no aparezcan reflejados en el documento inicial.

No poder demostrar los hechos  

Muchas empresas creen que basta con tener razón. Sin embargo, en un procedimiento laboral no solo hay que tener razón, también hay que demostrarla.

Si se acusa a una persona de incumplimientos graves, ausencias injustificadas, desobediencia o disminución del rendimiento, deben existir pruebas sólidas. Correos electrónicos, registros horarios, advertencias previas, informes internos o testigos pueden marcar la diferencia.

Un despido basado únicamente en sospechas o comentarios informales suele ser muy difícil de sostener ante un juez.

Por eso es importante documentar correctamente cualquier incidencia laboral desde el primer momento y no esperar al conflicto final para empezar a recopilar información.

Saltarse el procedimiento legal  

En algunos casos, el problema no es el motivo del despido, sino la forma en la que se ejecuta.

Por ejemplo, en los despidos objetivos la empresa debe conceder un preaviso de quince días, salvo que lo sustituya por una compensación económica. También debe entregarse simultáneamente la indemnización correspondiente.

Olvidar alguno de estos pasos puede provocar que el despido sea declarado improcedente incluso cuando existían causas económicas, organizativas o productivas reales.

También hay sectores donde el convenio colectivo exige trámites adicionales. Ignorar esas obligaciones puede generar consecuencias importantes.

Despedir en momentos especialmente protegidos  

La legislación laboral española protege especialmente determinadas situaciones personales. Despedir a alguien durante una baja médica, un embarazo, una reducción de jornada por cuidado familiar o una situación de conciliación puede ser especialmente delicado.

Eso no significa que sea imposible despedir en esos casos, pero sí implica que la empresa debe extremar la cautela y justificar muy bien la decisión.

Cuando existe la sospecha de discriminación o represalia, el despido puede llegar a declararse nulo, una consecuencia todavía más grave que la improcedencia.

En estos escenarios, actuar con precipitación suele ser uno de los mayores errores.

No aplicar sanciones previas cuando son necesarias  

En determinados casos, las empresas recurren directamente al despido sin haber dejado constancia previa de incidencias menores.

Aunque la ley no siempre obliga a aplicar sanciones graduales, sí puede resultar contradictorio despedir de forma inmediata por conductas que antes se toleraban o nunca se comunicaron formalmente.

Por ejemplo, si una persona llega tarde constantemente durante meses y nunca recibió advertencias, será más difícil justificar después un despido disciplinario basado en esos retrasos.

Las amonestaciones por escrito y las comunicaciones internas ayudan a demostrar que existía una problemática previa y que la empresa actuó de forma coherente.

Confundir bajo rendimiento con percepción personal  

Otro error habitual es despedir alegando bajo rendimiento sin datos objetivos.

No basta con pensar que alguien “trabaja peor” o “ya no rinde igual”. La empresa necesita indicadores medibles y comparables. Debe poder demostrar una disminución continuada y relevante respecto al rendimiento habitual o respecto al de otras personas en puestos similares.

Además, hay que analizar las circunstancias concretas. A veces el descenso del rendimiento puede estar relacionado con falta de formación, exceso de carga laboral o problemas organizativos internos.

Sin una evaluación objetiva, este tipo de despidos suelen tener muchas probabilidades de fracasar judicialmente.

Ignorar la importancia de los plazos  

Los tiempos también son importantes en materia laboral.

Si la empresa tarda demasiado en actuar ante una falta grave, puede dar la impresión de que esa conducta no era tan relevante. En algunos casos, incluso puede entenderse que hubo una especie de tolerancia implícita.

Por otro lado, existen plazos legales para sancionar determinadas conductas. Superarlos puede impedir que el despido tenga validez.

La rapidez, siempre acompañada de una buena preparación documental, suele ser clave para evitar problemas posteriores.

El impacto económico de un despido improcedente  

Muchas compañías subestiman las consecuencias económicas de gestionar mal un despido.

Cuando un juez declara la improcedencia, la empresa normalmente debe elegir entre readmitir a la persona trabajadora o pagar una indemnización. Dependiendo de la antigüedad y del salario, las cantidades pueden ser elevadas.

A eso se suman gastos de abogados, tiempo invertido en procedimientos judiciales y el posible desgaste interno dentro de la organización.

En pequeñas y medianas empresas, un conflicto laboral mal gestionado puede generar un impacto importante tanto financiero como operativo.

Cómo reducir riesgos antes de despedir  

La prevención sigue siendo la mejor estrategia. Antes de tomar una decisión de este tipo, conviene revisar cuidadosamente toda la documentación y analizar si realmente existen pruebas suficientes.

También es recomendable actuar con coherencia, mantener registros internos ordenados y evitar decisiones impulsivas tomadas en momentos de tensión.

En muchos casos, una revisión previa del expediente laboral permite detectar errores antes de que sea demasiado tarde. A veces basta con corregir un procedimiento o reforzar determinadas evidencias para evitar futuros problemas judiciales.Despedir nunca es una situación sencilla. Afecta a personas, equipos y dinámicas internas. Pero precisamente por eso, hacerlo correctamente desde el punto de vista legal resulta fundamental para proteger a la empresa y minimizar riesgos innecesarios.

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